‘Aceite soplado’ es el término utilizado para describir aceites grasos producidos soplando aire caliente, a una temperatura de 100-150ºC, en un producto, durante varias horas. Aunque, en principio, se puede utilizar cualquier aceite vegetal para producir aceites soplados, el aceite refinado de colza (aceite de colza) o el aceite de linaza refinado se utilizan en la mayoría de los casos. En ambos casos, los productos finales se denominan ‘aceite de colza soplado’ o ‘aceite de linaza soplado’.
Cuando se sopla aire caliente, a una temperatura de 100-150ºC, en un producto, durante varias horas, los ácidos grasos contenidos en los aceites experimentan un proceso de autooxidación. Esto también sucede cuando se dejan los aceites vegetales expuestos al aire, pero en este caso la autooxidación tarda varios meses. Los aceites soplados son líquidos claros y rojizos, secantes, resistentes al mal tiempo y que desprenden un olor característico. Son viscosos y pegajosos, no solubles en agua, pero solubles en solventes lipofílicos.
Comparado con los aceites refinados, la viscosidad en los aceites soplados es muy superior, pero se puede ajustar alterando el tiempo de soplado. El aire soplado deja el producto con una composición de ácidos grasos que se diferencia de la del aceite utilizado en la producción. Por ejemplo, el aceite de colza soplado contiene una gran cantidad de ácido oleico (60-75%) y aproximadamente proporciones iguales (4-9% y 5-8%, respectivamente) de ácido palmítico y linoleico, con un poco de ácido esteárico (2-5%). Los otros ácidos grasos son el ácido linolénico (máx. 2%) y el ácido erúcico (máx. 6%).
Los aceites soplados se utilizan en la industria de los tintes así como en materiales de recubrimiento. En la industria de los detergentes, los aceites soplados se utilizan en la producción de sustancias activas para lavar, ya que tienen unas excelentes características antiespumosas. Es por este motivo también que los aceites soplados se utilizan en la industria del metal como colectores de agua de flotación.
